Profesora, administradora pública y defensora de la educación y de los derechos de las mujeres, Áurea Galdino trae a la política una trayectoria marcada por el compromiso con la transformación social. Teniente de alcalde de Tracunhaém (PE), ciudad conocida como la capital estatal de la artesanía cerámica, se ha dedicado a aumentar la participación femenina en la gestión pública y fortalecer las políticas educativas y de inclusión.
Soy hija de una artesana y una alfarera, y crecí en un pueblo con una fuerte identidad cultural e indígena, ubicado a 67 km de Recife. Mi formación como docente me hizo consciente del impacto de la política en la vida de las personas. Empecé a impartir clases multigrado en zonas rurales, caminando por los cañaverales para llegar a la escuela. Fue allí donde comprendí la importancia de una política pública bien estructurada, afirma.
Con 29 años de experiencia en el servicio público, Áurea ocupó diferentes cargos antes de ingresar a la política. Fue coordinadora pedagógica, directora escolar y secretaria municipal de educación, cargo que ejerció durante 12 años. Posteriormente asumió la Secretaría de la Mujer, ampliando su compromiso con las políticas de combate a la violencia de género.
La educación siempre ha sido mi principal causa, pero durante mi carrera me di cuenta de la necesidad de fortalecer también la lucha contra la violencia de género. Muchas mujeres se enfrentan a ciclos de violencia que van más allá de la violencia física, incluyendo la violencia emocional, psicológica e institucional.
Retos y estrategias para la nueva gestión
Desde que inició su función como teniente de alcalde, Áurea tuvo que romper barreras. En los pueblos pequeños existe la costumbre de que el vicealcalde tenga poca visibilidad e influencia. Al principio, me resistí a ocupar mi puesto en la administración. Además, ser mujer agravó aún más este desafío, recuerda.
Ante este escenario, adoptó la estrategia del mandato participativo, creando el proyecto ‘Vicealcaldesa Presente’, con acciones directas en las comunidades. Si no había espacio para contribuir, acudía a la población. Empecé a visitar los barrios en persona, escuchando sus demandas y exigiendo soluciones. Si el alumbrado público era deficiente, iba allí, denunciaba el problema y lo trasladaba al departamento responsable. Si fallaba la recolección de basura, presentaba una demanda formal. Esto fortaleció los vínculos entre la administración y la población y demostró que un teniente de alcalde puede, sin duda, desempeñar un papel activo.
Otro ámbito de trabajo fue el fortalecimiento del emprendimiento femenino, la vinculación de asociaciones de mujeres y la promoción de cursos de formación profesional. “Animé a las mujeres a desarrollar habilidades productivas y alcanzar la independencia financiera. Además, promovimos proyectos dirigidos a jóvenes, ya que Tracunhaém tiene más de 4.000 jóvenes y, hasta ahora, no existía una política pública específica para este grupo”, señala.
La educación como transformación
La trayectoria de Áurea en la Secretaría de Educación revolucionó los indicadores del municipio. “Tracunhaém ocupaba el último lugar en el Índice de Desarrollo de la Educación Básica (IDEB) de la Zona da Mata. Tras años de trabajo conjunto con docentes y administradores, alcanzamos el primer lugar de la región”, celebra Áurea.
El secreto de este progreso fue la planificación estratégica, la formación continua del profesorado y la definición de objetivos claros. “Introdujimos una nueva cultura educativa en el municipio, basada en resultados y en la valoración de los profesionales. Ahora, como vicealcaldesa, mi compromiso es seguir contribuyendo para que la educación siga siendo una herramienta de transformación social”, enfatiza Áurea.