"¿Cómo voy a criar a mis hijos en una ciudad como São Paulo?" Esa fue la pregunta que Adriana Lobo, directora ejecutiva del Instituto Iji (Instituto de Jardines Infantiles), se hizo hace años cuando surgió la idea del proyecto de guarderías.
Actualmente liderando una organización que promueve la gestión de proyectos y programas que transforman la vida de jóvenes a través de la innovación, la tecnología, la educación, el emprendimiento, la cultura, el arte, la ciencia y el deporte, Adriana ha transformado su experiencia personal y profesional en acciones concretas que impactan positivamente la vida de los niños y la comunidad.
Alumni RenovaBR ha demostrado a lo largo de su trayectoria que el cuidado de la primera infancia y la juventud trasciende el ámbito familiar, abarcando políticas públicas, planificación urbana y ciudadanía. Su dedicación a este tema comenzó cuando conoció espacios urbanos diseñados para niños durante un viaje al extranjero. Desde entonces, al observar las experiencias de sus hijos en su propio barrio, Adriana se ha inspirado en el extranjero para mapear e identificar las carencias en los espacios adaptados a la infancia existentes en su entorno. Esta iniciativa dio origen al proyecto Jardines Infantiles, que combina educación, cultura y movilidad urbana con experiencias prácticas para la primera infancia.
El impacto de los jardines de infancia
En un cuadrángulo de 10 calles y edificios, mapeé a 14.000 niños que vivían en el barrio y a quienes no veía en las calles y plazas. Esto se sumó a los 21.000 niños que se unieron al incluir a los que visitaban el barrio ocasionalmente. Con el mapa listo, comencé a crear una red de apoyo y socialización con otras madres, desarrollando un plan para que los niños pudieran caminar y jugar seguros en las plazas y calles, explica Adriana.
oh Jardines de infancia Se ha consolidado como un proyecto innovador que conecta a familias, organismos gubernamentales y la sociedad civil para crear entornos más acogedores para los niños. La iniciativa valora espacios públicos como plazas y calles, redefiniéndolos como lugares de convivencia, aprendizaje y ciudadanía activa. Según Adriana, cuidar esta etapa de la vida solo es posible con la participación de actores intersectoriales y departamentos municipales. "Me gusta pensar que pude contribuir, junto con otras madres y padres, a formar un colectivo de personas comprometidas con trabajar para mejorar ese ámbito", señala.
Entre los desafíos que enfrentan las madres y las familias, Adriana destaca la inseguridad, el tiempo excesivo de desplazamiento, la falta de guarderías de calidad y la necesidad de espacios públicos más acogedores. Para ella, los proyectos que impactan directamente a las comunidades locales, como parques, escuelas y centros culturales, pueden transformar la vida de miles de niños, brindándoles oportunidades para jugar, aprender y desarrollarse en un entorno seguro y estimulante. El Instituto Iji (Instituto de Innovación Juvenil) busca involucrar al gobierno y la sociedad civil para garantizar que estas iniciativas tengan un impacto real y duradero.
"La coordinación con las autoridades públicas es compleja y burocrática. Aun así, el Instituto se reinventa constantemente y busca nuevos colaboradores", explica. Su trabajo fortalece la presencia de mujeres en puestos de liderazgo e inspira a las nuevas generaciones a reconocer el potencial transformador de la política y la ciudadanía activa mediante iniciativas como el proyecto "Huertos Urbanos", que fomenta la movilidad y la ciudadanía; "No Seas una Víctima Más", que trabaja para prevenir la violencia en las escuelas públicas; y el proyecto "Cómo un Cuerpo Biológico se Convierte en un Ser Social", que se centra en la salud mental en la primera infancia.
Reconocida con el Sello de Derechos Humanos y Ciudadanía en 2022 y 2023, Adriana ejemplifica cómo la dedicación a la primera infancia y el compromiso comunitario pueden generar resultados concretos, impactando vidas y fortaleciendo políticas públicas.
Foto: Folha de São Paulo / Jorge Araújo